Había algo en ella que, desde su desconocimiento, le resultaba conocido. Cuando iba tras ella, disimulando no ser más que otra persona que sale de clase, en realidad la observaba, quedandose con la boca abierta, fijándose en esos pequeños detalles en los que no te fijarías jamás de una persona si no te interesase como algo más que tu amigo.
A pesar de que sabía que ella y él no se conocían de nada, absolutamente de nada y lo máximo que podía saber era su clase, al verla caminar no podía evitar que su tranquilidad le pareciese familiar, hasta dulce. Tal vez no podría hablar mucho de sus labios, porque no se había fijado mucho en ellos, cuando pasaban cerca y la miraba lo hacía a los ojos, y ahí si que realmente, y por un chispazo que apenas duraba unos segundos, sentía que la conocía desde que había nacido, y que eran él uno para el otro, que siempre habían estado esperandose, en una vida vacía a la cual el otro podría dar sentido. ¿Y quien decía que no? Pero claro, quien sabe que pasaba por la mente de ella...
miércoles, 2 de diciembre de 2009
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