domingo, 6 de diciembre de 2009

Sweet thirty-seven

Queria que le clavasen un puñal y le matasen, hoy sabía que no tenía razones para querer suicidarse, pero si las tenía para querer que le matasen. Lloraba de impotencia y con un grito pedía que su sangre corriese por su camiseta y hiciese un ruido sordo al llegar al suelo, dejándole poco a poco sin fuerzas, matándole. No merecería vivir, solo estaba aquí para joder.
Y no quería eso, realmente no lo quería, realmente se odiaba. Necesitaba desaparecer ya, aunque ya no fuese por su paz, que el resto del mundo si pudiese celebrar su muerte.
Ahora aquel insignificante era un autentico estúpido.

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