Necesitaba un cigarro, necesitaba el dulce sabor de la nicotina en su boca y el humo desdenciendo por su garganta. Necesitaba ese sabor vicioso que se le quedaba en la boca tras apargarlo, y necesitaba también la ansiedad que le producía tenerlo en la boca pero que el mechero no encendiese y no pudiese fumar aún. Recordaba la reconfortante sensación de la primera calada, y las miradas recelosas cuando ya se estaba acabando, y deseaba que fuese interminable. Le gustaba recordar el mareo que le producía en sus primeros cigarros, cuando le permitia con solo mirar al cielo, sentir que lo podía ver todo en una mirada. Ahora para eso necesitaba algo más fuerte que los cigarros ya no le concedían. Desgraciadamente uno se acostumbra a todo.
Pero si ahora lo pensaba bien... fumar no era tan malo, era su pequeño vicio. Su evasión.
viernes, 4 de diciembre de 2009
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Vaya asco.
ResponderEliminarEl tabaco es una mierda!