Se asoma al balcón de su casa, en el cual no cabrian más de dos personas y se sienta en una barandilla verde con óxido bastante endeble que es todo lo que le salva de caer y morir.
Saca un cigarro y lo enciende, apurando las caladas mientras siente una música lejana proveniente de dos o tres calles más allá. Oooouuh, ooooohhhh, uuuh, ooooooooohhhh, yeaaah! . Se ríe, no puede evitarlo. Hacía tiempo que no podía estar ahí sentado sin desear caer, sin estar tentado de terminar con aquel sufrimiento continuo. Pero ahora ya no es asi, total... aunque no se considera la persona más feliz del mundo aún, no se siente del todo desgraciado.
Una vez más... liberado.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario