sábado, 9 de enero de 2010

Sweet fifty-four

Cada vez que el peso del mundo desbordaba sus hombros y cogía los mandos de aquella moto virtual sentía una libertad que siempre soñaba. La libertad de que vivir o morir estuviese solo en él, en sus brazos y en su concentración.
Es por eso que a veces le frustraba el hecho de que aquello no fuese más que un juego, y todas las caidas que sufría por la velocidad, las drogas o causas ajenas a él no las sufriese en su propia piel. Deseando ya no el dolor, si no la sensación anterior, el viento en la cara, la velocidad, una sensación increible.
Necesitaba adrenalina, necesitaba una evasión. Algo que le relajase y le mantuviese atento.



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